La lectura como un lugar de encuentro: Nosotras que nos queremos tanto - Marcela Serrano

La lectura como un lugar de encuentro: Nosotras que nos queremos tanto de Marcela Serrano 

Autora: Agustina


Habitar la palabra desde la existencia femenina conlleva, intrínsecamente, un acto político que da cuenta de la legitimidad de las voces excluidas y construye la legitimación de las vivencias que trascienden la ficción y hacen de la literatura un lugar de reconocimiento. 


La escritura, como mecanismo para reconocerse dentro la circunscripción sexo-genérica, produce nuevos significados sobre los cuales el poder se disputa. Con la claridad de quien carga con la conciencia de sus cadenas, Serrano enuncia “el día que el hombre se apoderó del lenguaje, se apoderó de la historia y de la vida. Al hacerlo nos silenció. Yo diría que la gran resolución de este siglo es el que las mujeres recuperen la voz””. Recuperar el lenguaje para generar discursos que representen la otredad constitutiva de las relaciones entre sujetos otorga las herramientas para hacer de las lecturas un lugar de encuentro.


“Robar el falo de la escritura es una transgresión a las convenciones sociales, un poder que subvierte el orden pretendidamente natural de las cosas y los oficios” (Peri Rossi, 1993). 


En Nosotras que nos queremos tanto (1990) las voces de cuatro mujeres toman posesión de la palabra y usan la sensibilidad como la inflexión perfecta entre la catástrofe y el silencio, el presente histórico y la genealogía crítica. 

Libro "Nosotras que nos queremos tanto".

Las historias se hilvanan en un ser-mujer que adquiere significancia, no como un todo monolítico, sino como una suma de situaciones, intersecciones y determinantes que desafían la hegemonía patriarcal. El ser-mujer se encuentra en la complicidad de la voz narradora de Ana, la mayor de las amigas, que amplifica las vivencias y crean el ambiente propicio para ser protagonistas de sus propias vidas. Con María como pilar de la narración, Ana transgrede los límites y coloca la disolución de la familia, el matrimonio y la dictadura chilena como el primer paso para la resistencia


A su vez, el protagonismo no implica la exclusión de los personajes masculinos, sino que estos se cuelan con la distancia precisa para no convertirse en el centro del relato. La composición femenina derriba los límites de la cotidianeidad y tiñe los riñones más recónditos de una carga revolucionaria colectiviza el dolor. 

Aquí solo hay mujeres, cualquiera de ellas. Somos tan parecidas, todas, es tanto lo que nos hermana. Podríamos decir que cuento una, dos o tres historias, pero da lo mismo. En el fondo, tenemos todas —más o menos— la misma historia que contar. (Serrano, 1990, p.9). 


Hacer de la lectura una acción feminista resulta ser una declaración de intenciones para apropiarse de la historia, una excusa para representar la sexualidad patriarcal y un llamado a desestabilizar los significados preestablecidos. La lectura resulta ser una declaración de intenciones y una excusa para desestabilizar los mandatos establecidos. Mientras que narrativas como las de Serrano permiten encontrar semejantes en la ficción y las existencias se permiten no disiparse en un universal masculino que no las incluye. En definitiva, mediante las imágenes de la narradora la calidez se derrama de manera tal que la piel se estremece y los bordes de la primera persona son difuminados en una novela tan imprescindible como excepcional.


Referencias bibliográficas

Peri Rossi, Cristina (1995). “Escribir como transgresión”. Lectora: revista de dones i textualitat, Nº. 1, pp. 3-4. 

Serrano, Marcela (1990). Nosotras que nos queremos tanto. Altaya: Barcelona. 

García Corales, Guillermo (1997). “Nostalgia versus modernidad: entrevista a Marcela Serrano”. Confluencia, XII, 1, pp. 228-234.

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